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Grandes mujeres

Escrito por el marzo 8, 2020

Madre Josefa Ericksen

En el marco de la celebración de los 150 años de fundación de la Congregación Hermanas de la Caridad del Cardenal Sancha, es un honor presentarles la vida de una gran mujer, cuya fiesta celebramos el 8 de marzo, día en que paso a la casa del Padre.

Me refiero a Madre Josefa Ericksen, esta gran religiosa forma parte de la riqueza espiritual con la que cuenta nuestra congregación. Sus aportes, su valentía, liderazgo, sentido de pertenencia y profundo amor a la congregación, la hacen ser un gran referente en quien vale la pena poner la mirada y encontrar en su testimonio la caricia de Dios, presente a lo largo de nuestra historia congregacional.

Pero, ¿Quién fue Madre Josefa Josefa Ericksen?

¿Cuál fue su aporte a la Congregación?

¿Qué la movió a acudir incluso al Papa, para defender la permanencia de un carisma que ella reconocía como regalo del espíritu santo a la iglesia?

¿Qué papel jugo la vida comunitaria en su vida?

Madre Josefa Ericksen nació en la ciudad de Puerto Plata el 27 de diciembre de 1873, hija de José Ericksen y Ana María de Ericksen.

Fue bautizada en la parroquia San Felipe Apóstol, hoy catedral san Felipe.

Fruto de su sólida formación cristina descubrió más tarde su vocación religiosa. Desde joven observó los buenos modales, de trato afable y de gran liderazgo y vocación de servicio.

Profesó sus votos religiosos el 27 de septiembre de 1895 en la Congregación de Hermanas de la Caridad del Cardenal Sancha.

Desempeñó varios servicios, con el único fin de servir a Dios en los demás. Frente a la enfermedad nunca se desanimó, ante los sufrimientos no se acobardó, al contrario, realizaba su trabajo con entusiasmo y compromiso. Estando ya en silla de ruedas, jugó un papel importante en la historia de la Congregación, ante el intento de Mons. Nouel de unir en 1920 nuestro Instituto: Hermanas de los Pobres Inválidos y Niños pobres, hoy Hermanas de la Caridad del Cardenal Sancha, a la congregación de las Hermanas de la Altagracia, Madre Josefa Ericksen que en ese momento era superiora de la comunidad de Puerto Plata, dirige una carta al Papa, expresándole el deseo de las hermanas de defender el carisma recibido de Dios y su oposición a ser desintegradas como orden religiosa para unirse a otra congregación.

Para hacer llegar esta carta Madre Josefa y la comunidad se valieron de un amigo sacerdote que en esos días viajaba a Roma.

Ante la misiva enviada por Madre Josefa y su comunidad, el Papa responde, confirmándolas en el carisma recibido y oponiéndose rotundamente a que nuestra Congregación sea suprimida y unida a otra.

Ocho años después de lograr esta hazaña e impedir que el carisma sanchino dejara de existir, Madre Josefa muere, dejando un testimonio de valentía, liderazgo y fidelidad a la voz de Dios.

En su honor se creó la escuela vespertina Madre Josefa Ericksen en la ciudad de Puerto Plata.

Hoy día de su fiesta, compartimos con ustedes Cinco enseñanzas de Madre Josefa Ericksen.

  • Liderazgo:

Como superiora, ella asumió la misión confiada por la congregación, sabía que había sido colocada al frente de una comunidad para ser pastora que conduce y acompaña las ovejas. Con alegría, pero también con determinación asumió este rol, no se quedó indiferente ante el contexto histórico por el que atravesaba la congregación y desde su condición de Madre se colocó delante del peligro y de los conflictos, sabiendo que Dios que le había puesto en esta misión, le daría el ánimo y la fortaleza para ser pastora según el corazón de Dios.

  • Fidelidad a la voz de Dios:

Madre Josefa estaba convencida de que nuestro carisma era regalo del Espíritu Santo, había experimentado en carne propia el paso de Dios por nuestra historia congregacional y simplemente no podía quedarse indiferente ante la invitación de Dios de alzar la voz y defender desde lo profundo del corazón, la llamada a seguir sirviendo desde la obra inspirada por Dios a través del cardenal Sancha, por eso, junto a su comunidad y luego de haber hablado con Mons. Nouel y no encontrar respuesta, decide valientemente escribirle al Papa.

  • Profundo amor a la Congregación:

El motor que guió los caminos de madre Josefa ericksen, fue su amor e identidad sanchina. Su profundo amor por la congregación la llevó a defenderla, aun atravesando por la enfermedad. Ella sabía que nuestro carisma era necesario en el mundo y que a través de él, Dios continuaría haciendo grandes cosas y pese a que era obediente a la autoridad, había descubierto que la voluntad de Dios, no era otra que la permanencia de este carisma inspirado por el mismo Dios.

  • Profetismo:

Ni la enfermedad, ni los conflictos y tampoco la persecución sufrida de manera particular y comunitaria, callaron su voz, ella entendió que tenía una palabra que decir y esa palabra debía ser pronunciada, no necesitó caminar, desde una silla de ruedas actuó, tampoco necesitó viajar a Roma, buscó los medios para hacer llegar su carta a través de un amigo, tampoco necesitó  exponer la iglesia, se dirigió directamente al papa, con sencillez, pero con la verdad y sobre todo con un gran amor por nuestro instituto. Sabía de las consecuencias y las abrazó con paciencia, no cedió a la presión y a la jerarquía, pero tampoco cedió a la desesperanza y confusión del momento. Ella tenía fijos sus ojos en Dios y entendió que ser fiel a Dios implicaba ser fiel a su identidad más profunda de auténtica sanchina.

  • Valentía:

 No se sintió pequeña, porque su fuerza venía de Dios, no le atemorizó el número de hermanas que ya habían abandonado la congregación y tampoco le detuvo la postura de aquellas que preferían unirse a la propuesta del obispo. No buscó protagonismo, pero tampoco dejó callar su voz. No se dejó vencer por el miedo, pero tampoco se quedó indiferente.

  • Identidad comunitaria:

Así como el sermón de Montesinos, la voz de Madre Josefa representaba la voz de una comunidad que había orado, discernido y que ahora también quería actuar. Era la voz de una comunidad plenamente consciente de dónde venía y a dónde quería ir, pero también era la voz de una comunidad que quería seguir siendo instrumento de Dios en medio del mundo.

Madre Josefa, guió y acompañó con espíritu comunitario a sus hermanas, las animó y desde la comunidad encendió una vela pequeña que hoy es una gran luz.

Que el testimonio de esta gran mujer nos mueva a celebrar con alegría y determinación nuestra identidad sanchina y a responder con valentía y prontitud a las inspiraciones del Señor, que hace nuevas todas las cosas.

Feliz día de la Mujer y de Madre Josefa Ericksen.


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