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Guiados por el Espíritu Santo

Por: Jennifer Lebron 

El Evangelio Juan (3,5a.7b-15) es una invitación a dejar que el Espíritu Santo nos lleve donde él nos quiera llevar, así como dice Jesús "el viento sopla donde quiere y oyes su ruido pero no sabes de dónde viene ni a dónde va"; nos atreveríamos a afirmar que el Espíritu Santo viene de Dios y nos lleva a él, nunca nos guía por el pecado, sino por el camino del bien. Lo que no sabemos es de qué manera nos llevará, ya que sólo podemos sentirlo, aunque no lo vemos.

Pero, ¿De qué manera podríamos dejarnos guiar por Espíritu Santo? sólo dándole un poco más de libertad, sin reprimir o condicionar su acción en nuestra vida, así seríamos realmente nacidos del Espíritu y no sólo de la carne.

A veces nos preguntamos ¿Cómo puedo yo dejar actuar al Espíritu Santo? esto es muy sencillo, cabe destacar que el Espíritu Santo actúa en nosotros de muchas maneras, ya que él es muy creativo, por eso para cada situación y cada persona tiene su manera particular, única e irrepetible de manifestarse, sin embargo hay algunos modos de manifestarse en nuestras vidas, donde lo podemos descubrir y conocer:

  1. Es nuestro maestro interior (Jn 14-26) como maestro interior nos enseña cosas nuevas para nuestro bien y nos recordará la que hemos aprendido, para que la pongamos en práctica.
  2. Es nuestro guía (Jn-16,13) como guía nos lleva por el camino de la vida, nos conduce hacia el Padre, cumpliendo en nosotros su promesa de darnos al consolador.
  3. Nos hace testigos de Cristo (Jn 15, 26-27) para ser testigos de algo tenemos que haber experimentado o vivir esa experiencia, así como la experiencia de Pentecostés, que transformó a los discípulos, cambiando su miedo, su cobardía y haciéndolos testigos, siendo su fortaleza para dar testimonio de todo lo vivido.

Para darle libertad al Espíritu Santo y dejarnos guiar, como maestro interior, debemos de tener una escucha atenta, que involucra todo nuestro ser, cuerpo, alma y espíritu.

Además una escucha que no sea selectiva, es decir que no escuche sólo lo que me convenga, escuchar de tal manera al Espíritu Santo, que sea capaz de intuir sus deseos, sus motivaciones, sus sentimientos y su voluntad.

Tener una gran docilidad, pero una docilidad que no sea pasiva, sino que implica una participación activa, no sólo debemos querer aprender, sino también dejarnos enseñar.

Tener una limpieza de corazón, es decir una sinceridad profunda, con una recta intención, que no hayan doblés en nosotros, sino un corazón transparente y sin pecado y con un deseo de hacer su voluntad, hambre y sed de ser cumplidores de sus planes y proyectos, de someternos a su dirección y buscar sinceramente lo que él quiere para nosotros.

¿Te atreverías a dejar que el Espíritu Santo actúe en tí?

 


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