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Todos en la vida tenemos sueños, desde pequeños cargamos con algunos de ellos, unos se van perdiendo a lo largo del tiempo, pero otros perduran apesar del mismo: algunos sueñan con lugares que quieren visitar, otros con la profesión que desean estudiar, algunos sueñan con la persona que aman, otros simplemente con prendas y artículos que son de su agrado.

Alguna vez todos hemos tejido esos sueños en nuestro corazón y deseamos alcanzarlos, pero las circuntancias de la vida, la misma falta de voluntad y el poco empeño que ponemos, retraza un poco la posibilidad de poder alcazar esos sueños.

Más la vida siempre tiene nuevos caminos, Dios siempre está pendiente de sus hijos para bendecirlos "te colmaré de bendiciones y multiplicaré tanto tus descendientes, que serán tan numerosos como las estrellas del cielo o como la arena que hay a orillas del mar. " (Gén, 22, 17) Esas bendiciones de Dios, pueden ser parte de nuestros sueños, pero requieren de corazones capaces de verlas llegar, personas con la suficiente sencibilidad para abrir los ojos del corazón y poder acoger la gracia.

Además lo que Dios nos ofrece en el camino de la vida, necesita de personas que no sólo sepan ver las gracias y bendiciones en su propia vida, sino que sean capaces de alegrarse cuando llegan a la vida de otros, no solo alegrarse, además deben ser esos puentes tendidos entre las bendiciones y las personas a quienes Dios quiere dirigirlas.

Esas personas se convierten en promotores de la gracia, además ayudan a otros a alcanzar sus sueños, ya que de alguna manera nuestros sueños forman parte del plan de Dios y los utiliza como medios a través de los cuales realiza sus designios.

En el camino de la vida, algunos hemos encontrado a personas que se han hecho parte importante de nuestro caminar, porque nos han ayudado a alcanzar nuestros sueños, esas personas son pilares en los cuales muchas veces nos hemos apoyado. "Rut le replicó: «No me obligues a dejarte yéndome lejos de ti, pues a donde tú vayas, iré yo; y donde tú vivas, viviré yo; tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios." (Rut 1, 16)

Algunos hemos tenido la hermosa experiencia de decir alguna vez "Gracias a ti" agradecer a quien con esfuerzo, desvelos y mucho amor, nos ha acompañado en el camino hasta llegar dónde queríamos ir. Para poder decir estas palabras es necesario un corazón agradecido y lleno de humildad, que reconoce a quien ha sido las manos de Dios, para alcanzarnos su bendición.

Quizás tú eres una de esas personas, que ayudan a otros a alcanzar sus sueños y son un canal adecuado para que las bendiciones de Dios, lleguen a su tiempo. Hoy puedes escuchar esas palabras de gratitud "Gracias a ti"

Sor Laidys A. Peguero Rodríguez 


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