En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: «Cuídense de la gente, porque los entregarán a los tribunales y los azotarán en sus sinagogas; y por mi causa serán llevados ante gobernadores y reyes, para dar testimonio ante ellos y ante los gentiles.

Cuando los entreguen, no se preocupen de cómo o qué van a hablar, porque en aquel momento se les sugerirá lo que tienen que decir; puesto que no serán ustedes los que hablen, sino que el Espíritu de su Padre hablará por ustedes.

El hermano entregará al hermano a la muerte, y el padre al hijo; los hijos se levantarán contra sus padres y los matarán. Todos los odiarán a ustedes por mi causa, pero el que persevere hasta el fin, se salvará».